Cuando pensamos en la salud dental de nuestros hijos, normalmente prestamos atención a si tienen caries, si se cepillan correctamente o si sus dientes están saliendo en el orden esperado. Sin embargo, hay otros aspectos del desarrollo que también pueden ser importantes.
La postura y mordida en niños pueden estar relacionadas desde el punto de vista funcional, ya que la mandíbula, el cuello y otras estructuras trabajan de manera coordinada. Esto no significa que una mala postura sea automáticamente la causa de una mala mordida, pero sí es un aspecto que puede observarse dentro de una valoración integral.
Por eso, conocer algunas señales y hábitos puede ayudar a los padres a detectar cuándo es conveniente consultar.
¿Qué tiene que ver la postura con la mordida?
La cabeza, el cuello y la mandíbula están conectados mediante músculos y estructuras que participan en funciones como masticar, hablar, respirar y tragar.
Durante la infancia, el cuerpo está en constante crecimiento y adaptación. Por eso, observar cómo se sienta, duerme, respira y mastica un niño puede aportar información complementaria sobre su desarrollo.
La postura por sí sola no determina cómo será su mordida. La genética, el crecimiento de los huesos, la posición de los dientes y diferentes hábitos también pueden influir.
Hábitos que los padres pueden observar en casa
Más que preocuparse por si su hijo «se sienta derecho» todo el tiempo, los padres pueden prestar atención a comportamientos que se mantienen de manera frecuente.
Por ejemplo:
- Mantiene habitualmente la boca abierta cuando está en reposo.
- Respira frecuentemente por la boca.
- Tiene dificultad para masticar determinados alimentos.
- Inclina constantemente la cabeza hacia un mismo lado.
- Se chupa el dedo o utiliza chupete durante mucho tiempo.
- Presenta dificultad para cerrar los labios cómodamente.
- Parece tener problemas para pronunciar algunos sonidos.
- Se queja de molestias al masticar o mover la mandíbula.
Una sola señal no significa necesariamente que exista un problema. Lo importante es observar patrones y comentarlos con el odontólogo.
¿La respiración también puede estar relacionada?
Este es un punto especialmente importante en los niños.
La respiración habitual por la boca puede estar asociada a diferentes situaciones, como congestión nasal, alergias u obstrucciones de las vías respiratorias. Cuando es persistente, puede ser conveniente determinar por qué ocurre.
En estos casos, el odontólogo puede identificar algunas señales en la cavidad oral y, cuando sea necesario, recomendar la valoración por otros profesionales de la salud.
El objetivo no es asumir que existe un problema de mordida, sino detectar a tiempo cualquier situación que pueda requerir atención.
¿Cuándo debería llevar a mi hijo a una valoración?
No es necesario esperar a que aparezca dolor o a que todos los dientes permanentes hayan salido para consultar.
Una valoración durante la etapa de crecimiento permite observar cómo están erupcionando los dientes, cómo encajan los maxilares y cómo funcionan aspectos como la masticación y los movimientos de la mandíbula.
Además, permite orientar a los padres sobre hábitos que pueden ser importantes para el desarrollo de la sonrisa.
En Dra. Patricia Otero, realizamos valoraciones pensadas para acompañar a los niños durante sus diferentes etapas de crecimiento, observando no solo sus dientes, sino también cómo funciona su sonrisa.
Si has notado cambios en la mordida, hábitos que te generan dudas o simplemente quieres asegurarte de que el desarrollo dental de tu hijo va por buen camino, una valoración profesional puede darte tranquilidad.
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